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Pertenecer Ciudadano

POR QUE EL PARTIDO “PERTENECER CIUDADANO” ES UNA NECESIDAD

 

La unidad social que hoy conocemos como vecinalísmo, es tan antigua como el hombre mismo. Existe un proverbio alemán que dice: "Tu casa puede sustituir al mundo, el mundo jamás sustituirá a tu casa."     Esa es la  base ideológica del Partido “PERTENECER CIUDADANO”. La concepción del hogar y los hogares es ignorada por las partidocracias que se ocupan y preocupan por los grandes problemas nacionales y mundiales, dejando de lado la aparente minúscula problemática del contribuyente de la provincia y municipios de Buenos Aires.

Existen sobradas razones para suponer que la posición contribuyente sea una necesidad y un acierto. En nuestro caso, debemos asociar indisolublemente la posición contribuyente a la posición: ciudadano- vecino- municipalista-partícipe necesario.

Al respecto, ya en el siglo pasado Juan Bautista Alberdi en "Las Bases" refiriendo al municipio, sostenía que "esa institución ha sido la primera forma, el primer grado de existencia del poder representativo provincial entre nosotros".

Desde aquí, vamos a apoyarnos en la magistral obra "El Orden Político",de los Dres. Juan R.Llerena Amadeo y Eduardo Ventura, (A-Z Editora,1991, pags. 284 a 290) intentando adaptar los brillantes conceptos allí expuestos.

Esto es, damos como base real al municipio o sus sinónimos, de nuestra sociedad. En su excelente obra "El Régimen Municipal en la Ciudad Moderna" , (Madrid, España, 1927.) Adolfo Posada nos explica que el municipio es un núcleo social de vida humana determinado naturalmente por las necesidades de vecindad.

No siempre estas necesidades están en la agenda de los representantes naturales de los vecinos. No les interesa. Y sin embargo, sería perfectamente posible. Carré de Malberg señaló en su trabajo, "Contribución a la Teoría General del Estado" (Editorial Recueil-Sirey.París, 1920. Tomo I) que: "el Estado y la comuna tienen derechos propios. Los del Estado son ejercidos por éste respaldado por la voluntad y el poder, en cambio los derechos naturales y propios de la comuna son ejercidos con arreglo a la ley estatal. Pero estos derechos se  vigorizan por la delegación que el Poder Central hace en favor de la comuna".

Tenemos, según el ilustre pensador francés, todo el apoyo que el Poder Central pueda otorgar, más el propio, generado por la enorme fuerza del interés ciudadano, interés este que se traduce en el tratamiento ejemplificador acorde a su civismo. 

En su Tratado de Derecho Político General, Tomo II, Faustino J. Legón afirma que "Las facultades municipales nacen naturalmente de su capacidad para gestionar sus propios e intransferibles intereses, pero formalmente, desde el ángulo de la eficacia y la fuerza jurídica, reposan en la voluntad del Estado, que determinando y sancionando aquellas atribuciones naturales, las convierte en derechos propiamente dichos".

También Georges Burdeau, en su "Tratado de Ciencia Política", Tomo II, dice que el Estado, refiriendo a las municipalidades, "no crea su sustancia ni su contenido, solamente su autoridad. No les delega el ejercicio de derechos estatales, les delega la facultad de apoyar, por el poder público, la puesta en obra de derechos locales en su origen y sustancia,  acordando a esos derechos eficacia jurídica.

Todo esto reafirma lo dicho por Alexis de Toqueville cuando nos señaló la función docente del municipio.

Se ve la fuerza y profundidad en la excelente  definición hecha por Johannes Messner cuando en su  libro "Etica social,  política y económica a la luz del derecho natural",(Editorial Rialp, Madrid, España) define a esta sociedad de vecinos como "Baluarte de una democracia viva" y "escuela para la participación activa de los ciudadanos en la dirección democrática de los asuntos de su comunidad".

Opina también acertadamente Bidart Campos en su gran obra de texto "Derecho Constitucional", (Tomo I y varios fallos de C.S.J.) cuando dice que "la politicidad del municipio es constitutiva de su realidad" y que si bien "no inviste el carácter de comunidad perfecta, es porque integra el orden político total del Estado".

Y por último, no podemos dejar de lado a Bernardino Montejano (h), quién en su trabajo "Ideología, racionalismo y realidad", (Editorial Abeledo Perrot) nos previene muy acertadamente que para evitar y soslayar las aproximaciones totalitarias, la sociedad debe reconstruirse "de abajo hacia arriba, a partir de la familia. En el orden geográfico hay que volver a una comunidad civil básica, según denominación de Michel Creuzet,que tenga relaciones directas con los vecinos, incluso en las grandes aglomeraciones urbanas a través de los barrios o unidades residenciales".

Lo más arriba expuesto marca sin duda el acierto de la posición: ciudadano-partícipe necesario-familia-contribuyente-vecinalismo-municipalismo.Y por si todos estos excelentes argumentos jurídico-políticos, hechos por ilustres intelectuales en la cuestión necesitasen aún un soporte social,  vaya la palabra de S.S. León XIII, cuando indicó que "el poder supremo del estado no deberá invadir indebidamente la esfera municipal" (Encíclica Inmortale Dei, B.A.C.)

Los argumentos son abrumadores. Poseemos una enorme fuerza otorgada por nuestra Ley Fundamental y lamentablemente la dispersamos cuando entregamos esa cuota de poder a gentes que si bien en teoría nos representan, en la práctica no nos conocen.

No sucede esto con su vecino. El sí lo conoce. Su problema, generalmente es coincidente con el de él. Un aparato político-partidario, con una declaración de principios general, no cubrirá nunca lo específico, aún encuadrándolo en su sentido filosófico.

Tomemos como ejemplo lo siguiente : Cuando por primera vez se eligió al Administrador de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la razón nos decía que esta persona debería de ser un vecino que conozca el problema de sus vecinos. Un contribuyente común que exige por lo que paga y que exige que las cosas comunes sean preservadas como corresponde, por ser él la persona que la sostiene financiera y económicamente.

Que imagine una ciudad mejor y como lograr esto. Que tome acabada conciencia que el dinero que administra, no le pertenece ni le perteneció nunca. Que es el esfuerzo contribuyente es el que logra una ciudad moderna, funcional y perdurable. Que tenga las manos libres y también su conciencia. Forzosamente pues, tenemos que coincidir que ese Administrador no debería de provenir de un Partido político con múltiples objetivos y compromisos adquiridos a través del tiempo, con facturas que pagar o cobrar. Era necesaria una fuerza de ciudadanos contribuyentes que desde dentro de la legislatura a constituirse, pudiesen exigir el mejor cumplimiento a sus pares sin compromisos de ningún tipo. Y esto sería solamente posible si esa fuerza la compone su elemento natural: el ciudadano-vecino-contribuyente. Debemos de valorizar al ciudadano hoy más que nunca antes. Vemos hoy que esto no ha sucedido.

La partidocracia anestesió y dejó átono al pueblo de la provincia  y municipios de Buenos Aires. Recuperemos la fe en nosotros y en nuestros actos. Recordemos aquello de que "El hombre sabio no debe abstenerse de participar en el gobierno del Estado, pues es un delito renunciar a ser útil a los necesitados y una cobardía ceder el paso a los indignos".

Luchar por ello es una obligación del Partido “PERTENECER CIUDADANO”

Hay que volver al ciudadano. Y no al ciudadano-voto. No a ese ciudadano buscado solamente en épocas de elecciones, para ser sistemáticamente olvidado después. Jamás un candidato dirá algo que colisione con el bienestar y el progreso. Generalmente lo olvidará enseguida o se encontrará con que la realidad cotidiana lo supera y torna imposible la concreción del paraíso prometido. Utiliza entonces la clásica fórmula de achacarle su propia ineptitud a su predecesor, como si él hubiese sido una víctima de una conspiración general para impedirle cumplir con sus dichos. Un Partido como el deseado, que en estos momentos, reconoce su incipiencia y un cúmulo de estudios y proyectos posibles todavía en fase de terminación, aspira no ya a la Administración de la provincia, pero si a su fiscalización. Nadie espere del ciudadano-vecino-contribuyente y partícipe necesario un nuevo proyecto de ordenanza o ley. Ya hay demasiadas y no lograron más que escasos resultados. Queremos vigilar nuestro dinero. Que también es el suyo. Queremos saber qué pasa. Queremos impedir negociados, utilizaciones indebidas de prebendas, etc. No queremos que nos roben más. No queremos seguir siendo los mansos que consienten en que los audaces nos desprecien y subestimen. Volvamos a escuchar a los que a través del tiempo nos continúan enseñando. Así se justificaría lo dicho por Aristóteles: "El ciudadano en general es el individuo que tiene parte en la autoridad y en la obediencia pública. En la república perfecta, es el individuo que puede y quiere libremente obedecer y gobernar alternativamente, conforme a los preceptos de la virtud".

 

Dr. Eduardo Félix Lazzarich ©

 

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